01-12-2007, 11:23 PM
Hola,
Jovenes, escuchen mis palabras, pues serán de ayuda para sus futuras experiencias.
Prepara un asiento, un refresco y algo más, esto no te quitara mucho tiempo.
El cadáver de un dragón contiene extrañas armaduras. Encontrad lo y traedme para mostrar tu valía.
Fueron las palabras de mi gran tutor en Libera.
Por aquellos días yo estaba sola y anhelaba más aventuras. A pesar de haber dicho ser una gran aventurera y guerrera, puedo decir otra cosa: El fuego siempre me infundió temor {Mirando al suelo un poco avergonzada}
Pero aquel día me enfrente a aquel miedo, al llegar al laberinto titubeé, mas no tenia otra opción.
Mis ojos estaban caliente por el ardor del fuego, su radiación me alcanzo y me hizo temer más aún.
Pero a pesar de todo logré llegar al dragón, tal y como se había dicho, estaba muerto y contenía armaduras bajo su ala.
Intenté recoger mi anhelada recompensa y prueba de mi valía, pero pesaba demasiado, probé con deshacerse de algunas de mis prendas y logré tomarlo y ajustarlo a mi mochila.
No había tiempo de contemplar con tiempo mi recompensa, debía correr, y rápido, el fuego ardía y se oía como unas chispas se emitían desde el cuerpo de algunos animales que lograron llegar hasta ahí.
Lamentablemente el fuego me alcanzo en mi distracción, al ver que se quemaba mi túnica tube temor, más aún cuando ardió la capa junto a ella. Veía el principio del laberinto, tal vez si salia de ahí podría pedir ayuda.
Desde aquel momento no recuerdo mucho {Rascándose la cabeza}
Cuando desperté, estaba recostada en el templo de Cipfried, lo que temía había sucedido. Me sentí más ligera, mire a mi espalda y ya no tenía mochila, tal vez si volvía al lugar podría recuperar mi recompensa. Aunque Cipfried intentó detenerme lo evadí y compre unas palas para abrirme camino al lugar en el que estaba, recuerdo desesperarme al ver que no tenía mi mochila. Corrí sin importar atraer las criaturas y rodearme de ellas. Entré a la cueva, pero fue grande mi sorpresa al ver a un joven de apariencia no muy sabia. Me preguntó porque los osos nos atacaban, yo inventando escusas lo hice salir de la cueva y corrí a el lugar, tal vez aquel joven había tomado mi botín.
Suerte la mía al ver un bulto en el piso, vi que era un animal, no puedo decir que criatura era en especifico pero parecía humanoide. Tenía mi mochila, yo sin entender nada la abrí y tenia mis cosas.
Allí me acordé de unas palabras que dijo Cipfried en una tarde: Si estás herida pídeme ayuda, te la daré. Si estas sola y necesitas ayuda, sólo si esta situación es de vida o muerte, yo pediré a los dioses que te traigan aquí, a cambio ellos darán un cuerpo en lugar de ti. Ello me hizo tener pena, ¿Cómo un ser inocente se sacrificaría por mí?
Me fui del lugar con mi recompensa y al día siguiente regresé con un ramo de rosas para el desconocido pero de seguro valiente ser que yacía allí.
Eso es una de tantas historias que tiene Rookgaard, recuerda ir siempre con cautela a aquellos lugares peligrosos.
Imagenes:


Jovenes, escuchen mis palabras, pues serán de ayuda para sus futuras experiencias.
Prepara un asiento, un refresco y algo más, esto no te quitara mucho tiempo.
El cadáver de un dragón contiene extrañas armaduras. Encontrad lo y traedme para mostrar tu valía.
Fueron las palabras de mi gran tutor en Libera.
Por aquellos días yo estaba sola y anhelaba más aventuras. A pesar de haber dicho ser una gran aventurera y guerrera, puedo decir otra cosa: El fuego siempre me infundió temor {Mirando al suelo un poco avergonzada}
Pero aquel día me enfrente a aquel miedo, al llegar al laberinto titubeé, mas no tenia otra opción.
Mis ojos estaban caliente por el ardor del fuego, su radiación me alcanzo y me hizo temer más aún.
Pero a pesar de todo logré llegar al dragón, tal y como se había dicho, estaba muerto y contenía armaduras bajo su ala.
Intenté recoger mi anhelada recompensa y prueba de mi valía, pero pesaba demasiado, probé con deshacerse de algunas de mis prendas y logré tomarlo y ajustarlo a mi mochila.
No había tiempo de contemplar con tiempo mi recompensa, debía correr, y rápido, el fuego ardía y se oía como unas chispas se emitían desde el cuerpo de algunos animales que lograron llegar hasta ahí.
Lamentablemente el fuego me alcanzo en mi distracción, al ver que se quemaba mi túnica tube temor, más aún cuando ardió la capa junto a ella. Veía el principio del laberinto, tal vez si salia de ahí podría pedir ayuda.
Desde aquel momento no recuerdo mucho {Rascándose la cabeza}
Cuando desperté, estaba recostada en el templo de Cipfried, lo que temía había sucedido. Me sentí más ligera, mire a mi espalda y ya no tenía mochila, tal vez si volvía al lugar podría recuperar mi recompensa. Aunque Cipfried intentó detenerme lo evadí y compre unas palas para abrirme camino al lugar en el que estaba, recuerdo desesperarme al ver que no tenía mi mochila. Corrí sin importar atraer las criaturas y rodearme de ellas. Entré a la cueva, pero fue grande mi sorpresa al ver a un joven de apariencia no muy sabia. Me preguntó porque los osos nos atacaban, yo inventando escusas lo hice salir de la cueva y corrí a el lugar, tal vez aquel joven había tomado mi botín.
Suerte la mía al ver un bulto en el piso, vi que era un animal, no puedo decir que criatura era en especifico pero parecía humanoide. Tenía mi mochila, yo sin entender nada la abrí y tenia mis cosas.
Allí me acordé de unas palabras que dijo Cipfried en una tarde: Si estás herida pídeme ayuda, te la daré. Si estas sola y necesitas ayuda, sólo si esta situación es de vida o muerte, yo pediré a los dioses que te traigan aquí, a cambio ellos darán un cuerpo en lugar de ti. Ello me hizo tener pena, ¿Cómo un ser inocente se sacrificaría por mí?
Me fui del lugar con mi recompensa y al día siguiente regresé con un ramo de rosas para el desconocido pero de seguro valiente ser que yacía allí.
Eso es una de tantas historias que tiene Rookgaard, recuerda ir siempre con cautela a aquellos lugares peligrosos.
Imagenes:




